lunes, 26 de mayo de 2014

El día después



Hoy, algunos de los que rechazaban el descrédito a políticos en las redes sociales, están desacreditando en medios de comunicación.

Lo que ocurrió ayer es muy sencillo, al menos yo lo veo así:

·         No se puede ignorar a las personas que tienen graves problemas por culpa de decisiones políticas

·         No se puede engañar permanentemente

·         No se puede ignorar la corrupción y el despilfarro

·         No se puede siempre justificar los pecados de uno y magnificar los de los demás

·         No se puede decir que no ha habido rescate, y rescatar a los bancos con el dinero de todos

·         No se puede restringir derechos y vender lo contrario

·         No se puede ignorar a quienes salen a la calle a protestar, y ensalzar a las mayorías silenciosas

·      No se puede tener tan poca sensibilidad hacia los ciudadanos que están sufriendo, que se han quedado sin trabajo, sin casa, sin ayudas

·         No se puede pensar solo en uno mismo porque la avaricia impide acordarse de los demás

·         No se puede subir impuestos a la gente y llevarte tu dinero fuera para evadir esos mismos impuestos

·         No se puede obstaculizar a la justicia

·         No se puede abandonar a los ciudadanos a su suerte

·         No se puede ser sordo y ciego a la realidad

·         No se puede negar el incremento de la pobreza infantil
·          

Luego pasa lo que pasa, la gente no es tonta, los ciudadanos son muy inteligentes y siempre tienen razón. Los indignados votan, pero nadie les presta atención hasta que termina el recuento de votos y algunos se rasgan las vestiduras.

Pablo Iglesias
profesor ciencias políticas
Teresa Rodríguez
profesora enseñanza secundaria
Carlos Jiménez Villarejo
ex fiscal anticorrupción
Lola Sanchez
licenciada en derecho
Pablo Echenique
científico


La verdad, me dan más confianza estas cinco personas que todos los que hasta ahora han demostrado lo que han demostrado. Quienes los están intentando desacreditar deberían mirar más hacia ellos mismos y ser conscientes de sus deficiencias.



sábado, 17 de mayo de 2014

Me confieso y perdonado



Me fastidia escribir sobre esto porque pienso que es un tema sobre el que no habría que hablar nunca. Cada uno somos como somos, somos lo que somos, pero ante todo somos respetables por ser como somos y por ser lo que somos. Pero cuando alguien se salta esa línea y empieza a decir gilipolleces para dejar claro que está por encima de, que es mejor que, que te doy mil vueltas pero como soy humilde no he querido dejarte en ridículo; entonces me caliento, y cuando me caliento lo que ocurre es que el dedo me pide tecla, y yo se la doy.

El jueves vi el debate entre Cañete y Valenciano. Francamente hubiera preferido una buena película porque ninguno de los dos me convenció de nada. Ninguno de los dos me pareció que estaba a la altura de lo que se esperaba de ellos. ¡Pero!.................

Al día siguiente uno de ellos con sus brillantes declaraciones consiguió regalar al otro todo lo que en el debate ninguno había ganado por méritos propios.

Las declaraciones del señor Cañete me repugnan. A mí no me sirve el dejo caer la frase, luego pido perdón, me confieso, y aquí no ha pasado nada. ¡No!, lo dicho, dicho está, se ha retratado.

Siempre he pensado que lo que más grande hace a una persona es la humildad. Es cierto que todos no somos igual de inteligentes, ni igual de guapos, ni igual de altos, ni igual de rubios. Ni igual de imbéciles tampoco. Pero también es cierto que la inteligencia, en este caso, no es patrimonio exclusivo de un solo sexo. Por suerte, hay hombres muy inteligentes, y mujeres muy inteligentes. No sé, ni me importa, como se distribuye ese porcentaje. Pero sí sé algo.

Las personas (y digo personas porque eso es lo importante, sin distinción de sexo). Las personas inteligentes no presumen de ello, no necesitan hacer declaraciones absurdas para dejar claro su nivel intelectual. Eso se demuestra con el hacer diario, con los actos que día a día te retratan, con lo que los demás perciben de ti. Con el silencio.

Una persona que presume de su nivel intelectual, mucho más de forma gratuita, es una persona en la que yo nunca confiaría. “Dime de qué presumes y te diré de lo que careces”.
El debate del jueves, para mi humilde entender, no lo ganó ninguno de los dos. Pero usted señor Cañete, con sus inteligentes declaraciones horas después, ha dado la victoria a la señora Valenciano. No sé si es lo que pretendía. Dudo que con su brillante inteligencia sea lo que quería, pero con su declarada inteligencia es lo que ha conseguido.

Y esto lo firma una mujer que no se considera tonta, pero que nunca se declarará más inteligente que nadie. 



domingo, 11 de mayo de 2014

Una llave



Hace un año todavía estaba en aquel lugar. No sabía lo que estaba a punto de ocurrir en unas semanas más. Pero el destino es implacable, y lo que tiene que ocurrir, ocurre; incluso lo que nunca piensas que puede ocurrir. Por suerte, también esto vale para las cosas positivas; si algo tiene que ocurrir, ocurrirá.

Me prometí que nunca volvería. Me marché sin volver la vista atrás, dejando allí no solamente la mitad de mi vida, sino muchos recuerdos, y sobre todo mucha lucha. Quienes me vieron luchar saben cuánta.

Aquel edificio era muy nuevo, pero los sueños se trasladaron a él al igual que el mobiliario, los archivos, los ordenadores. Y el día que tuve que abandonarlo, sentí un nudo en la garganta, caminé sin volver la vista atrás, y me prometí que nunca volvería a pasar por aquel lugar. Aquel día me llevé un recuerdo, necesitaba hacerlo. Una llave. No del edificio, nunca volvería a entrar en él; una llave que no tenía ninguna importancia.

Hace unas semanas pasé en coche por delante; yo no conducía y no fui yo quién decidió pasar por allí. Cerré los ojos, pero volví a abrirlos y todavía estaba allí. Me impactó lo que vi y me entristeció. No pude evitarlo a pesar de haberme prometido que no volvería. Volví, hace unos días volví hasta la valla que cierra el paso, y miré el lugar. Las enormes cristaleras estaban cubiertas de pintadas. Ojalá algún artista callejero al menos hubiera estampado allí alguna obra de arte, pero no era el caso.

Sentí el abandono. Entre los escasos huecos que las pintadas dejaban pude vislumbrar una puerta abierta. Sabía que estaría abierta, como yo la dejé. Volví a recordar cómo estaba todo, dónde estaba todo: el interruptor, la raspadura en la moqueta, la baldosa rajada. Y unas puertas más adelante una caja fuerte de las de antes, de las que solo un camión-grua puede levantar. Sabía que la llave de esa caja estaría encima, donde yo la dejé. Una llave que no servía para nada sin la contraseña. Entonces los números vinieron a mi cabeza. Me sorprendí, no la había olvidado. Aunque eso no importaba; dentro no había nada importante. Sonreí, sí, dentro dejé aquel billete falso de 50€ que un cliente nos coló, y que siempre quedó allí en el fondo de la caja. Lo vi el día que la vacié. Pensaba dejarla abierta, pero dejé dentro el billete, la cerré, dejé la llave encima, y me marché. Nadie necesitaba más aquel armatoste, y saber que solo yo podía abrirla me hacía sentir alguien.

Sí, lo sé, soy una sentimental. Después entregué todas las llaves menos una; la llave de la puerta de mi despacho ¿Qué importancia tenía? Esa puerta la dejé abierta, y hace pocos días seguía abierta. Desde la valla la vi. Sentí nostalgia. Lo sé, soy una sentimental.


Si puedo no volveré, porque el deterioro será implacable. Espero que aquella puerta siga abierta. Ya nadie la cerrará. Nunca me han gustado las puertas cerradas.

sábado, 3 de mayo de 2014

Todo tiene un principio

Un camino empieza con un primer paso. Un proyecto con una primera idea. Un sueño con una hoja en blanco. Este sueño con una primera palabra.




Se despertó sobresaltado. Le había costado conciliar el sueño, dándole vueltas a la operación de compra de la Compañía que estaban a punto de firmar. Era una operación importante donde se jugaban mucho, y no solamente su prestigio profesional. Eso estaba fuera de toda duda.
Todavía no había amanecido. La oscuridad era total dentro de la habitación. Se sintió ligeramente extrañado por ello; las luces de la urbanización siempre se filtraban por la ventana. El sueño volvió a vencerlo hasta que de nuevo se despertó sobresaltado.
¿Qué hora era? ¡Pero qué diablos, la habitación seguía en penumbra!
No había escuchado la alarma del móvil, debía ser muy temprano. Todavía podía seguir durmiendo un poco más. Pero algo lo intranquilizaba, aunque no podía detectarlo. Alargó la mano en busca del móvil que siempre dejaba encima de la mesita de noche junto a la cama. Sus dedos tocaron un recipiente con líquido dentro. Retiró la mano deprisa con un gesto de incredulidad y hasta cierto punto de repugnancia. No recordaba haber dejado ningún vaso con agua, nunca lo hacía. Sintió dura la cama, muy dura. Seguía adormilado y hasta cierto punto no sabía si estaba despierto o todavía dormía, inmerso en un sueño del que aún no había salido.
¿Y ese olor? Sí, hasta su cerebro llegaba un olor desconocido, un olor rancio, a suciedad, a agua corrompida. Se puso en alerta, abrió los ojos al máximo, pero la oscuridad lo inundaba todo.
La cabeza se encontraba ahora despejada, intentando procesar las sensaciones que llegaban hasta su cerebro: oscuridad, ¿un vaso con agua?, el olor, la incomodidad de su cama, ¿y su móvil?, no lo encontraba. Buscó a tientas el interruptor de la luz. Sus dedos se dirigieron hacia el lugar donde siempre había estado. ¡No, dios!, tampoco lo encontraba.
Se decidió a saltar de la cama. No entendía nada; todavía debía estar en mitad de un sueño. Sus pies apenas descendieron unos milímetros antes de tocar el suelo. ¿Había dormido en el suelo? Se puso de pie en la oscuridad, avanzó unos pasos antes de tropezar y caer, al tiempo que escuchaba el sonido de cacharros metálicos golpeándose entre sí.
Se quedó tendido en el suelo donde había caído. Estaba asustado. Aquello era un mal sueño, una pesadilla de la que despertaría en cualquier momento, cuando la alarma del móvil comenzara a sonar.
Fue la luz del sol la que le hizo levantar la cabeza y mirar a su alrededor. Algunos cacharros de cocina herrumbrosos se encontraban esparcidos a su lado. Cerca un jergón con las huellas de haber sido utilizado por alguien para dormir; ¿él?. El suelo de tierra, una ventana desencajada con los cristales sustituidos por trozos de cartón. Olor a suciedad, a pobreza.
Se frotó los ojos, tenía que despertar de aquella pesadilla. Era tarde, tenía que ser ya muy tarde. Tenía una reunión importante, la más importante de su carrera profesional; no podía llegar tarde. Se levantó para dirigirse hacia una puerta que estaba donde tenía que estar, pero que no era su puerta. Nada de lo que lo rodeaba era suyo. ¿Dónde se encontraba? Aquello era una locura; la peor de sus pesadillas.
La puerta lo llevó directamente a la calle. La luz del sol le hizo daño en los ojos, pero no los cerró. ¡Dios! ¿dónde diablos estaba? La calle se encontraba llena de socavones, de basura; el barro y el agua negra llenaban la mayor parte de ellos. Esa no era su urbanización, el lugar donde vivía desde hacía 10 años, en un chalet de lujo.
Se miró a sí mismo; todavía no lo había hecho. Vio sus pies sucios, estropeados, las uñas negras. Miró sus manos; estaban mal cuidadas, ásperas, cortadas por el sol. Aquellas no eran las manos de alguien a quien le gustaba cuidar su estética, que gastaba mucho dinero en sí mismo. ¿Y su cuerpo? Solo llevaba unos calzoncillos sucios, casi harapientos.
Una voz lo sobresaltó:
_ ¡Paco! ¿pero qué haces ahí mirando embobado?, vamos que llegaremos tarde y otros se adelantarán
Giró la cabeza hacia el hombre que le hablaba
_ ¿Rafa?,¿eres tú?, ¿pero qué diablos es todo esto?
_ Claro que soy yo, ¿quién iba a ser?. ¿Te encuentras bien?, tienes una cara rara, como si hubieras visto un fantasma.
_ ¿Dónde estamos, qué te pasa a ti, por qué vistes así?, ¿dónde está tu casa, y la mía?, ¿y toda esta mierda? ¿Qué está pasando Rafa? Explícamelo por favor.
_ ¿Dónde vamos a estar?, donde siempre hemos estado, coño. Tú te has vuelto loco, ¿cómo que esta mierda? Pues la mierda de siempre. ¡A ver si ahora quieres vivir en un palacio!
_ No entiendo nada Rafa, ¿cómo puedes estar tan tranquilo?, ¿es que no ves todo esto? ¡Dios, esto es una locura, dime que es una locura!
_ Paco, vamos, tenemos que irnos a buscar algo aprovechable antes de que otros se nos adelanten. A ti te dio mucho el sol ayer, te lo dije pero no me hiciste caso. ¡Venga, ponte algo y vámonos ya!
_ ¿Para qué vamos a buscar algo aprovechable?
_¡Para comer coño!, ¡Dios, pero qué te pasa hoy Paco!, tú no estás bien.


Todo lo demás está por crear, pero mis ideas son muy claras.