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jueves, 2 de enero de 2014

Carmen



Esta tarde he estado tomando un café con Carmen, una compañera de trabajo hasta que las dos dejamos de  ser compañeras para ser amigas. Carmen ya no tiene que preocuparse por el trabajo, y me alegro por ella porque se lo merece. Sin embargo ella se preocupa por mí.
Hemos hablado del tiempo libre, de cómo ahora puede disfrutar de su marido después de tantos años de lucha. Y finalmente hemos terminado hablando de lo que dejamos atrás en el tiempo en el que trabajamos juntas. Casi me hace llorar cuando me ha dicho:

_ Tú mereces lo mejor Lourdes, ojalá tengas mucha suerte. Contigo todo era fácil porque tú facilitabas tanto las cosas que trabajar a tus órdenes era un placer.

Nos tomaremos otro café Carmen, espero que pronto tenga algo que celebrar, y desde luego lo celebraré contigo.
Gracias a ti por haber tenido la suerte de trabajar a tu lado

viernes, 6 de diciembre de 2013

Placeres, personas, y barreras arquitectónicas



La vida está hecha de pequeños placeres, y el mayor de ellos se encuentra a través de las personas que van pasando por tu vida de forma más o menos esporádica, o incluso permanente. Hoy quiero hablar de una de esas personas, Margarita, o Marga para quienes tenemos la suerte de conocerla.
Yo conozco a Marga desde hace años, la conocía de vista, como a tantos otros vecinos de los portales próximos al mío, pero no hablábamos. Quizá a veces un buenos días. Marga vive en el mismo edificio que yo, un edificio con tres portales. Vivimos en portales diferentes. Es algunos años más joven que yo, aunque francamente no sé cuántos, no se lo he preguntado, ni necesito hacerlo. Marga es paralítica de nacimiento. Siempre la he visto en su silla de ruedas paseando a su perro, o esperando al autobús municipal adaptado que la lleve a donde necesita. Desde hace un año, he hablado más con ella. Durante las últimas horas de algunas tardes de verano, la veía pasar junto a la terraza del chino donde yo estaba tomando un cañita fresca. Este verano la invité a sentarse conmigo, y poco a poco nos fuimos conociendo. Supe que desde hace año y medio está en el paro, como muchos otros españoles.
Ahora que yo me encuentro como ella, nos vemos más a menudo.

Ayer me encontraba en el mercado, esperando mi turno para el pescado, cuando la vi llegar empujando su silla de ruedas. Siempre me dice que vendrá cuando yo esté, pero nunca viene. Me alegré de verla. Los días son más alegres hablando con ella. Hicimos nuestras compras y la ayudé a llevar sus bolsas. Me contó que antes tenía una chica que la ayudaba para estos menesteres, pero desde que perdió el trabajo y no recibe ninguna ayuda oficial, no puede pagar a nadie.

Yo: ya sabes que yo ahora estoy libre, quedamos para venir a comprar y yo te llevo la compra en mi carro
Marga: vale, te envío un whatsapp y bajamos
Yo: después nos tomamos un café
Marga: a sí, guay (aquí ya Marga sonreía)

Total que ayer dicho y hecho, fuimos a tomar un café a una cafetería que han reabierto enfrente de nuestro edificio. El dueño, un chico búlgaro muy simpático, ya la conoce y ha puesto una rampa en la entrada que salve el escalón, para que ella pueda entrar. Fue un rato muy agradable, y no será el último. Los mayores placeres de la vida se encuentran al lado de personas que te llenan pequeños momentos que pueden parecer insignificantes.
La ayudé a cruzar la calle para ir hacia nuestras casas, y entonces me di cuenta de algo que hasta entonces no había visto, y mira que paso por allí todos los días. Cuando llegamos al paso de cebra, tuvimos que desplazarnos hacia la derecha unos metros hasta encontrar un rebaje en la acera, pero toda la zona de rebaje estaba ocupada por coches, así que tuvimos que volver al paso de cebra y ayudarla, puesto que para ella sola era imposible. Me contó el tema.
Este verano yo recordaba que habían trasladado el paso de cebra unos metros, no sé por qué lo hicieron, pero los trabajadores del ayuntamiento estuvieron un par de días trabajando en ello. Pues bien, en el nuevo paso de cebra, no rebajaron el bordillo, de forma que el rebaje se quedó en la ubicación antigua. Pero como ese lugar ya no era paso de cebra, los vehículos aparcan. Y Marga se encuentra con un gran problema. Si hay coches aparcados no puede cruzar la calle, y si no hay coches aparcados, puede hacerlo, pero arriesgándose a que si la atropellan tenga las de perder porque no está cruzando por el paso. Me dijo que desde que lo pusieron, ha escrito varias veces al ayuntamiento protestando, y lo único que recibe es la contestación de que no hay presupuesto, que cuando toque ya lo rebajarán.
Vergonzoso. Por suerte la solidaridad de las personas hace que siempre alguien la ayude cuando el rebaje está ocupado por coches.

Por cierto, mientras escribía todo esto he recibido un whatsapp de Marga. Para ver qué tal el día, qué iba a hacer.
Gracias guapa por los pequeños ratos, te contesto ahora y nos tomamos una cañita, que para eso es fiesta. Nadie nos va a quitar estos pequeños placeres.
En la cafetería del búlgaro, que nos pone maíces y cacahuetes.

domingo, 13 de octubre de 2013

CANCOOK GASTRO




La vida está hecha de pequeños momentos en los que compartir una copa con algún amigo, volver a encontrar a personas a las que aprecias, y sentir su calor, su sonrisa y su cariño, no tiene precio.
Ayer, durante el día del Pilar, fui en busca de un amigo. Y me encontré con una sorpresa.
Me gusta salir, tomar unas cervezas, hablar con la gente, reír con ellos y sentir que la vida es una maravilla cuando se puede compartir de esta forma. Hay unos cuantos lugares donde soy habitual, por ellos, por la gente. Esas personas que están detrás de la barra, y que se alegran al verme llegar, que me saludan y me preguntan por la semana, que comparten conmigo unas horas donde todos somos un poco más felices. Pero en algunas ocasiones, llegas un día y alguien falta. Esto es lo que me ha pasado en varios momentos con Sebas.
Conocí a Sebas hace ya algunos años, cuando era camarero en uno de los lugares que yo frecuentaba cada fin de semana. Es una persona increíble, muy profesional, y con una sonrisa siempre dibujada en su cara. El día que llegué como siempre, y no lo vi, supe que ya no trabajaba allí, y me sentí muy triste porque ya no sería lo mismo. Pero el destino quiso que pudiera conocer dónde se encontraba entonces. Recuerdo su sonrisa cuando me vio entrar, y su pregunta: ¿qué haces aquí?
_ He venido a verte, me enteré que estabas aquí.
Y cada fin de semana pasaba para seguir tomando algo juntos, y continuar compartiendo un rato agradable. Así una y otra vez, porque siempre que no estaba terminaba encontrándolo, y allí estaba yo, siempre detrás de Sebas.
Hacía unos dos meses que le perdí la pista y no sabía nada de él. Pero ese destino que siempre nos sale al paso, hizo que hace unos días encontrara en la calle a su novia, y le pregunté por él. Me dijo dónde estaba, y yo como siempre fui en su busca.
Cuando entré en la pequeña calle donde se encontraba el local, tuve que mirar uno a uno porque no había preguntado el nombre. Y de pronto, allí estaba él, de pie en la puerta. Cuando me vio, su cara se iluminó con una gran sonrisa.
_ Sebas: ¡Hola, qué sorpresa!
_ Yo: Venía buscándote, sabía que estabas en esta calle, pero no sabía dónde.
_ Sebas: ¿Y cómo te has enterado esta vez?
_ Yo: Me lo dijo tu chica, la encontré hace unos días.
_ Sebas: No me ha dicho nada, pero me alegra verte. Como siempre, me has encontrado.
_ Yo: Ya sabes que siempre te encontraré, y ahí estaré tomándonos nuestras cervezas.
_ Sebas: Pasa, además vas a conocer a más gente, ya verás.
_ Yo: ¿Ah, sí, a quién?
Y de esta forma conocí Cancook Gastro. Dentro estaba Gonzalo, un camarero de Bilbao (del mismo Bilbao), que trabajaba con Sebas cuando yo lo conocí. Y la sorpresa de Gabi, el mejor chef argentino de Zaragoza. Gabi también trabajaba en aquel primer lugar donde los conocí a todos ellos. Y ahora había decidido empezar por su cuenta, abriendo el Cancook Gastro. ¡Qué más se puede pedir!, grandes personas de nuevo juntos en un mismo lugar.
Me gustó Cancook Gastro. Un lugar con un ambiente tranquilo, moderno, exquisito, con muy buen gusto. La cocina de autor, con la mano extraordinaria de Gabi. La presentación de los platos, su elaboración, el ambiente del lugar, me atraparon.
Cancook Gastro se encuentra en la calle Moneva, en Zaragoza. Un lugar céntrico, detrás del Paseo Independencia, atravesando el pasaje Argensola. Una calle que se ha renovado con locales de este tipo, sitios chic, con muy buen gusto. Muy recomendable, y a partir de ahora uno de mis sitios habituales.
Invito a todos aquellos que quieran conocerlo, a pasar por allí. Quizá podamos compartir una copa uno de estos días, junto a mis amigos: Sebas, Gonzalo y Gabi.




 

viernes, 13 de septiembre de 2013

Mensaje de Lourdes



Hay días en la vida que son más emotivos que otros. Este es uno de esos días para mí. A pesar de las circunstancias, hoy me siento feliz y afortunada por todo el apoyo y el cariño que he recibido por parte de las personas con las que he compartido tanto durante muchos años.
Solo he podido hacer una cosa, enviarles a todos un mensaje con todo mi cariño.
Muchísimas gracias a todos por las respuestas de agradecimiento que me estáis devolviendo. Me juré no llorar, y ahora estoy llorando sin poder evitarlo.


Hola a todos

Esta mañana me he marchado sin despedirme de la mayoría de vosotros. No es que no quisiera hacerlo, todo lo contrario. Por eso os escribo desde la tranquilidad de mi casa. Me resulta más cómodo y menos emotivo. En realidad he estado muy entera todos estos días, pero sabía que al despedirme de cada uno de vosotros no podría mantener esa actitud y me derrumbaría. Por ese motivo he preferido irme sin decir nada y despedirme desde aquí. Aunque esto no es una despedida, nunca me han gustado las despedidas y además soy muy mala en ese tema. Nunca he sabido despedirme, y eso me ha causado problemas, incluso perder amigos.
Solo quería decíos a todos y cada uno de vosotros que ha sido un gran honor para mí conoceos y sobre todo trabajar a vuestro lado. Con algunos han sido muchos años y muchas cosas compartidas, grandes y pequeños momentos. Con otros no he tenido la oportunidad de compartir tanto tiempo, pero no por eso me siento igual de orgullosa de haber luchado a vuestro lado, y de haberos tenido como compañeros de trabajo.
Han sido años muy duros. Todos juntos hemos pasado por cosas que no es necesario detallar porque todos las conocemos. Y entre todos hemos conseguido llegar hasta el día de hoy. Algunos compañeros se quedaron en el camino antes, pero todos sin excepción hemos hecho cosas grandes, porque todos sin excepción hemos logrado lo que en muchos momentos parecía imposible: poder seguir adelante, con todo lo que eso conlleva. Un tiempo que hemos ganado para todos, un tiempo vivido. Porque eso es lo importante: vivir.
Pero me gustaría que os quedarais con lo que sigue. Hacedlo por todos los que ya no estamos, pero sobre todo hacedlo por vosotros, por la empresa y por los que puedan venir después.

Esta empresa tiene un futuro, y ese futuro está en vuestras manos. Sois vosotros los que podéis y los que lo vais a hacer posible. Sois los mejores, eso no lo dudéis nunca.
Luchad como nunca antes lo habéis hecho. Solo vuestro trabajo, vuestro esfuerzo y vuestro sacrificio van a conseguir que la empresa vuelva a ser lo que fue, incluso mejor. Que vuelva a ser un referente en Zaragoza. Sois unos héroes porque sois los que vais a conseguir lo que para algunos puede parecer imposible. No os desaniméis si no veis resultados pronto. Continuad luchando y los resultados llegarán. No hagáis caso a los que puedan decíos lo contrario. Confiad en vosotros, en lo que cada uno tiene en su mano para aportar, porque todo y todos sois importantes.

Al final habéis conseguido que se me salten las lagrimillas.

Ánimo compañeros, nunca me olvidaré de vosotros. Haced que volvamos a ser grandes. Yo me enteraré y me sentiré muy orgullosa de todos vosotros

Os quiero

Lourdes Mangado

martes, 27 de agosto de 2013

Noches de buenos amigos y tequila



Hoy revisando fotos de estos últimos años he encontrado una foto de Mikao, y eso me ha hecho recordar los buenos ratos que pasé con esta persona hace cinco años en México. Mikao es japonesa, y cuando yo la conocí llevaba dos años viviendo allí, aprendiendo español. Volvía a su país, pero antes quería hacer un recorrido para conocer algunos de los lugares que no conocía. Se unió a mí y a otras personas que en aquel momento coincidimos en el tiempo, y juntos iniciamos un periplo por Chiapas.
Nunca pude entender por qué Mikao tenía miedo de hacer ese recorrido en solitario, cuando ella había vivido en Ciudad Juarez, una ciudad en territorio comanche. Pero Mikao era así, su inocencia era abrumadora, y compartir aquellos días con ella fue toda una experiencia.

Cada vez que pienso en los días que pasamos en San Cristóbal de las Casas, me acuerdo de Mikao. Cuando el coche que nos llevaba allí nos dejó tirados a 10 kilómetros, a las 6 de la tarde, con el anochecer acercándose y sin saber qué hacer. Y lo único que se le ocurrió fue salir a la carretera y exclamar: no puede hacerse nada, la maldición de Motesuma. Y a continuación sentarse en el arcén de la carretera. Ella lo llamaba así, Motesuma.

Ahora me río cuando la veo allí sentada mientras los demás intentábamos empujar para que el coche se pusiera en marcha, mientras ella nos decía: imposible, la maldición de Motesuma.

Para ella todo era por culpa de Motesuma, era genial. El primer día que nos levantamos en San Cristobal, llevábamos todos una resaca de campeonato, y ella decía: la maldición de Motesuma.

_ No Mikao, esto no tiene nada que ver con Motesuma, esto son los tequilas que bebimos anoche

Pero ella siempre seguía con su propia versión.

Qué noches tan memorables pasamos en el Café Revolución, en San Cristóbal de las Casas. Un ambiente impresionante. Éramos un grupo de gente en busca de experiencias interesantes, compartiendo margaritas y tequilas, conversación y buena música.

Cuando Mikao se animaba a cantar, no se le notaba el acento, y se olvidaba de Motesuma, aunque a la mañana siguiente cuando le dolía la cabeza, volvía a recordarlo.
Cuando decida ir a Tokio, me pondré en contacto contigo Mikao. Seguro que no has olvidado aquellos buenos ratos.

Un saludo, compañera de aventuras