miércoles, 17 de junio de 2015

¿Y ahora qué?



No sé muy bien cómo empezar a escribir esto. No puedo evitar pensar, ¿y si algún día mis palabras se vuelven en mi contra? No es que eso me cause miedo; en realidad a estas alturas de la vida el miedo ya no existe, aunque sea lo que quieren crearnos. Y eso precisamente es lo que no debemos permitir.

Después de unos días convulsos, no me queda ninguna duda de que la guerra ha comenzado. La guerra contra las ideas, contra el deseo (legítimo sin lugar a dudas) de cambiar este país. Hay muchos intereses, siempre los ha habido y siempre los habrá, que no dejaran que cambien; cueste lo que cueste, caiga quien caiga.

Guillermo Zapata cometió un error, sin duda. Ha pagado por él. Otros han cometido errores, sin duda. Igual que tú, que yo, que todos. Sé que ahora me dirían: pero no es lo mismo, no es comparable, hay errores y errores. Desde luego, los hay. De la misma forma que hay catadura moral o no la hay.

Ayer pude leer como alguien decía que nos han tendido una trampa y hemos caído en ella. Estoy totalmente de acuerdo.

Es indigno que un cargo público hable contra las mujeres como si todas fuésemos fulanas, y no pasa nada.

Es indigno que una vicepresidenta del gobierno hable de los parados como si todos fuesen vagos y defraudadores, y no pasa nada.

Es indigno que un portavoz del gobierno desprecie a las víctimas de un régimen político, y no pasa nada.

Es indigno que una candidata a la alcaldía de la capital de este país hable de los sin techo como si fuesen delincuentes, y no pasa nada.

Y así podría seguir y seguir, pero para qué.

Todos tienen basura en la que buscar, solo que con una diferencia. La suya está muy expuesta, no es necesario rebuscar para encontrarla. O quizá no les importa porque saben que hagan lo que hagan, y digan lo que digan, no pasa nada.

La pregunta que ahora me surge, la que supongo le surge a muchos es: ¿y ahora qué? Van a seguir buscando, escarbando en la basura para exponer todo lo que encuentren, nimio o no tan nimio, todo vale cuando se trata de eliminar al enemigo.

Seguirles el juego es caer en su trampa, es lo que están esperando. El y tú más no sirve; ya hemos visto que siempre habrá una justificación para cada una de sus miserias. ¿Entonces qué?

Hablo por mí. Me considero una persona respetuosa, pero crítica, muy crítica con aquello que no me gusta y que no considero justo. No me gustan los enfrentamientos, ni me gusta ser una persona carroñera, pero sí dejar clara mi postura.

Sigo pensando que entrar en su juego es lo que pretenden. Y entonces, al seguir preguntándome ¿y ahora qué?, no puedo dejar de recordar a Gandhi. No lo sé, quizá esté equivocada, o quizá solo soy una persona pacífica que no se da por vencida, que piensa que la palabra tiene mucho poder.

Ni siquiera sé si he conseguido expresar la rabia que siento. Esto no ha hecho más que empezar. No caigamos en su trampa.

domingo, 12 de abril de 2015

Créditos fiscales ¿qué son y cómo afectan?



Hoy me he levantado leyendo en la prensa una noticia que es muy inquietante bajo mi punto de vista, y que como siempre, se ha escondido a la ciudadanía bajo el manto de la complejidad que para muchos suponen ciertos temas de índole económico y fiscal. En resumen se trata de la noticia sobre que la solvencia de una gran parte de nuestra Banca no es tan solvente como nos habían dicho, y que si tenemos en cuenta los créditos fiscales que al parecer engrosan el Patrimonio Neto de muchas entidades, dicha solvencia se esfuma. Dicho en otras palabras, vayamos preparándonos a seguir rescatando a los bancos. Sí, ese rescate que no se ha realizado pero que a todos nos ha costado sacrificios y nos va a seguir costando, porque esto no ha terminado.
Por eso he querido poner mi granito de arena intentando explicar de la forma más clara y sencilla que me sea posible, qué son los créditos fiscales, cómo afectan a los balances de una empresa, y qué consecuencias tienen tanto en el pasado como en el futuro. Espero que sea de interés para cualquiera que pueda leer esto, y que le ayude a tener claros conceptos que entiendo no son fáciles de asimilar por quienes no están familiarizados con el mundo de la economía.
Para ilustrarlo mejor, comenzaré hablando de lo que son las diferencias temporales en el Impuesto de Sociedades.
·         Las diferencias temporarias son aquellos ajustes positivos o negativos que se realizan en un ejercicio, y que en el futuro van a dar lugar a reversiones en el impuesto de sociedades, es decir a ajustes de tipo contrario. Como ejemplo sirven los siguientes:

1.- Un gasto no deducible en un ejercicio, que sin embargo sí será deducible en futuros ejercicios, sería una diferencia temporaria positiva.  Es el caso de la amortización que durante los ejercicios 2013 y  2014 no ha sido deducible para las grandes empresas en un 30% de su importe, pero sí lo serán a partir de 2015, repartido en 10 años consecutivos. Lo que ha ocurrido en los ejercicios 2013 y 2014 es que las grandes empresas solo han podido deducirse el 70% del gasto de amortización, quedando el 30% pendiente para ser deducido a partir de 2015. Este hecho ha dado lugar a una diferencia temporal positiva en el impuesto de sociedades de 2013 y 2014 por el importe de ese 30% de amortización, y a partir de 2015 se realizará un ajuste negativo durante 10 años hasta cubrir ese importe no deducible en su momento.

2.- Las deducciones por reinversión que han existido hasta 2014 y que no se han podido aplicar por falta de cuota, también son un claro ejemplo de diferencia temporaria positiva que surge en el año en el cual se realiza la reinversión, y que dará lugar a un menor pago de impuesto en los ejercicios futuros, siempre que exista cuota positiva para poder aplicarlas.


Tanto en un caso como en el otro, como consecuencia de ese beneficio fiscal al que se tiene derecho, pero que no se ha podido aplicar, bien sea porque la ley lo establece así (caso del primer ejemplo), o por insuficiencia en la cuota (caso del segundo ejemplo), aparece en el balance la partida de “Activos por impuesto diferido”, más conocidos como Créditos fiscales.

Un crédito fiscal es por lo tanto el derecho que una empresa tiene frente a la Hacienda Pública a pagar un menor impuesto en el futuro, hasta que dicho crédito se agote; siempre y cuando no exista una limitación en el tiempo para aplicarlo, en cuyo caso el crédito fiscal pendiente se extingue, y la empresa debe eliminarlo de su balance con las consecuencias que ello supone sobre el Patrimonio Neto.

Al margen de los dos ejemplos expuestos, el principal crédito fiscal que una empresa puede tener proviene de las bases imponibles negativas (BINS). Las BINS son las pérdidas que una empresa ha tenido en un ejercicio, y que tiene derecho a descontar en el futuro de las bases imponibles positivas que tenga cuando obtenga beneficios.

Explicado lo que es un crédito fiscal y el motivo por el que surge, el siguiente paso es explicar cómo afecta al balance de una empresa. Voy a explicarlo con el ejemplo de las BINS.

Imaginemos que una empresa ha tenido en 2014 unas pérdidas de 1.000.000€; esto supone que en el futuro, por ejemplo en 2015, si dicha empresa tiene un beneficio de 1.500.000€, cuando realice el impuesto de sociedades restará a dicho beneficio la BIN que tiene pendiente, y tributará solamente por 500.000€. Pero en 2014 se le ha creado un crédito fiscal por el derecho que tiene a beneficiarse del menor pago de impuestos en el futuro; es decir, en 2014 (con un tipo impositivo del 30%), la empresa ha generado un crédito fiscal de 300.000€ (30% de 1.000.000).
Este crédito fiscal lo reflejará en su contabilidad mediante un apunte en el que los beneficios aumentan en 300.000€.
El efecto por tanto que los créditos fiscales tienen en los balances es que aumentan los beneficios en el mismo ejercicio en el que surge el crédito fiscal, por el importe del mismo.
Aumentar los beneficios supone aumentar el Patrimonio Neto (PN) de la empresa, y por lo tanto reflejar una situación de solvencia más favorable.
Todo esto es legal y lógico. No hay nada oscuro ni delictivo. El problema puede venir a partir de aquí si las cosas no se hacen bien, o se hace la vista gorda.

Siguiendo con el ejemplo de la empresa que en 2014 ha generado un crédito fiscal de 300.000€. Supongamos que en los ejercicios siguientes no genera beneficios, por lo que no puede aplicarse dicho crédito fiscal. Puede que llegue un momento en el que si las perspectivas son negativas, podría plantearse si dicho crédito fiscal va a poder realizarse. Incluso un analista financiero debería tener en cuenta al analizar la situación de la empresa, la eliminación del mismo para reflejar la verdadera situación de solvencia de la empresa. ¿Qué significa eliminar el crédito fiscal? Pues el efecto contrario que supuso su aparición. Si en 2014 el crédito supuso aumentar los beneficios en 300.000€; su eliminación o el no tenerlo en cuenta a efectos de un análisis exhaustivo, supone disminuir los beneficios en 300.000€ y por lo tanto su Patrimonio Neto.

Hay otros casos, como el de las deducciones por reinversión, que tienen un plazo de años para poder aplicarlas, agotado el mismo sin poder hacerlo, el crédito fiscal que quede pendiente debe eliminarse puesto que ya no se podrá aplicar.

Por otro lado, los créditos fiscales hay que actualizarlos a los tipos impositivos vigentes en cada ejercicio. Esto significa que si un crédito fiscal surgió con un tipo impositivo del 30%, y en un ejercicio posterior el tipo baja al 28%, los créditos fiscales deben ajustarse a este nuevo tipo, realizando una disminución del beneficio del 2% del importe del crédito fiscal.
Para ilustrarlo mejor retomo el ejemplo de las pérdidas de 1.000.000€ en 2014: el tipo impositivo en 2014 es del 30% por lo que el crédito fiscal que surge es de 300.000€ (30% de 1.000.000) que aumenta los beneficios de 2014.
En 2015 el tipo impositivo es del 28%. Esto supone que el crédito fiscal en 2015 tendría que ajustarse a este tipo, es decir, 280.000€ (28% de 1.000.000). Su ajuste en el balance supone disminuir los beneficios en 20.000€
En 2016 el tipo impositivo será del 25%, por lo que si el crédito fiscal continua sin aplicarse, se debe hacer un ajuste del 3% para que pase a ser de 250.000€ (25% de 1.000.000) disminuyendo de nuevo los beneficios en 30.000€.

Pues bien, aquí es donde puede y de hecho viene el mayor maquillaje de los balances de algunas empresas. No eliminar los créditos fiscales que ya han caducado o que la situación de la empresa puede llevar a considerar como perdidos. O bien no actualizar los créditos fiscales a los nuevos tipos impositivos si estos van a ser desfavorables para la situación patrimonial. Dejarlos en los balances supone tener un Patrimonio Neto que no es real, que es humo, en definitiva hacer creer que la situación de solvencia de la empresa es buena, o no tan mala, cuando en realidad no hay nada detrás que la sostenga.


No voy a extenderme más ya que entiendo que es un tema espeso y me gustaría que quien pueda leer esto entienda el concepto y sobre todo la operativa. Espero haberlo conseguido, y que un tema que se nos puede escapar a la mayoría cuando oímos hablar de él, haya podido quedar un poco más claro.

domingo, 22 de febrero de 2015

Promesas y otras reflexiones



Hoy me he levantado y leyendo los periódicos pensaba en la hipocresía de muchos de nuestros políticos, en la manipulación a la que nos someten pensando que pueden hacernos creer que están en posesión de la verdad absoluta, y que nosotros somos tontos, por no decir gilipollas. Pensaba en la gran mentira que nos quieren vender en este año electoral, que como bien dice Santiago Niño Becerra, va a ser un año perdido. Perdido en promesas que no van a servir para nada, en luchas por derrotar al contrario solo para conseguir el poder por el mero placer del poder; perdido para miles de personas que esperan y necesitan una solución a su situación desesperada, y que durante este año no van a tener ninguna, solo promesas, promesas, promesas. Pero entre tanto algunos morirán por no recibir su medicamento, muchos perderán su casa por no poder pagar las cuotas de la hipoteca, otros seguirán sin calefacción, mal comiendo y mal viviendo. Y esto hablando solo de las personas. No nos olvidemos de la deuda, que seguirá creciendo hasta alcanzar el 100 y pico del PIB, porque este año no nos podemos entretener en frenar esa sangría de nuestro país, nos preocupa más nuestro asiento.
Solo promesas, promesas, promesas. Vótame, vótame, vótame.
En todo este escenario, yo veo, escucho, y cada día con más intensidad me entran unas ganas enormes de meterme dos dedos hasta lo más profundo de la garganta para potar hasta quedarme bien limpia. Y es que no es para menos.
Me repugna ser testigo, como todos, del espectáculo de gladiadores al que nos están sometiendo. Nunca he escuchado tanto hablar de enemigos como en las últimas semanas y días. ¿Pero enemigos por qué?, porqué me van a quitar el poder (¡por favor!), porqué me van a sacar a relucir mis miserias (si las tienes eso se piensa antes de hacerlas), porqué no voy a poder seguir chupando (la política debe ser honrada, y quién no lo es no debe estar). En fin, el porqué es lo de menos; lo triste, patético y preocupante es que el objetivo número uno sea eliminar al contrario, cuando yo pienso (quizá soy una ilusa) que el objetivo número uno es España y los españoles, con todo lo que esto conlleva. Lo siento, pero no puedo confiar en quien para darme lo mejor a mí, tiene que eliminar a otros al precio que sea. Y no puedo confiar porque detesto esa práctica, pero sobre todo porque sé que una vez eliminado el contrario, a mí me van a dar por donde amargan los pepinos.
La realidad no es tan bonita como nos la quieren pintar. Quizá hemos llegado a un punto de tocar fondo, llega un momento en el que no se puede caer más, pero que nadie piense que vamos a salir lanzados hacia la superficie, porque eso no va a ocurrir. El nivel de precariedad al que hemos llegado se va a convertir en congénito. Sí que podremos trabajar, como escuchaba ayer a alguien en el mercado, el que quiere trabajar encuentra algo. Sí, de acuerdo, pero qué encuentra: sueldos bajos, trabajo muy temporal, falta de seguridad. Es lo que hay, lo tomas o lo dejas, y así vas pasando la vida.
Esta indignación al ver como se despelleja vivo al “enemigo” no solo me la provoca lo que estoy viendo en mi país. Me indigna y mucho ser testigo de lo que van a hacer con Grecia. Me gusta ser objetiva, y probablemente muchos dirán que no lo soy. Lo que no veo justo es que se esté criminalizando y desprestigiando a un partido que no ha sido el responsable de la situación en la que el país se encuentra. Este partido está intentando encontrar una salida (si es que la hay) para una situación creada por la nefasta gestión de gobiernos a los que se apoya sin reparo por parte de los lobbys del poder económico europeo y mundial. ¿Acaso eso es un delito?, ¿querer que tus ciudadanos no estén en situación de desamparo es un delito? Me dirán que no, por supuesto. Pues lo siento, pero se está actuando como si lo fuera. Y esto me repugna. Porque para mí las personas están por encima de los intereses políticos, económicos y partidistas. Para mí las personas lo son todo, el resto lo inventamos nosotros y de la misma forma se puede reinventar.
Y al hilo de lo anterior, me repugna que mi gobierno sea cómplice de ese acoso para imponer unas medidas que van a terminar de ahogar y matar a personas. Sí, digo personas, y me da igual que sean griegos, persas, americanos, o suhagilis. Son Personas, con mayúsculas.
Ahora es cuando siempre viene alguien y dice: vamos a ver, si para que todos estos vivan bien me lo van a quitar a mí, que les den.
Lo triste de este argumento es que da el apoyo a quienes están haciendo el juego de acoso y derribo al enemigo, sin darse cuenta de que los demás les importamos lo mismo, nada. Solo somos un instrumento para seguir perpetuándose en el poder.
Como se dice vulgarmente: prometer y prometer hasta meter, y después de metido …….. pues eso.



jueves, 15 de enero de 2015

¿Qué ha sido de Palmira?



Hace aproximadamente 10 años visité Palmira. Como otras muchas ciudades de la antigüedad, me atraía especialmente. La ciudad había permanecido allí durante siglos, destruida por el lógico paso del tiempo y los fenómenos naturales.

Hoy, después de conocer lo que todos conocemos, me pregunto si todavía continúa allí, al menos como yo la conocí.

Mis recuerdos ven una extensión árida, sin vegetación. Una extensión cubierta de columnas, una avenida en cuyo centro se encuentra un teatro, templos, tumbas, relieves. Al fondo de la gran avenida se levanta un montículo, árido como todo lo que lo rodea. En lo alto del montículo se alza un castillo. La vista desde allí es preciosa. En este momento la tengo en mi mente. Toda la ciudad de Palmira, y más allá el oasis, el palmeral de Palmira. El contraste del verde con el marrón.

Pero mis recuerdos no son sólo imágenes, también son sensaciones. Una de las mayores que recuerdo es el silencio, la sensación de paz.

Paseé en solitario por las ruinas a la hora del amanecer. Ví salir el sol, iluminar las columnas, sentií como el calor iba ganando terreno al frio de la noche en el desierto. El silencio a aquella hora creaba una sensación de paz increíble.

Recuerdo a un beduino que se acercó llevando de las riendas un camello. Me saludó y me regaló dos dátiles. Los comí allí, sentada sobre aquellas piedras que habían visto tanto, bañada por el sol que pronto sería difícil de soportar. Me tapé con el pañuelo palestino que llevaba. No lo hice porque estuviera allí, lo hice para protegerme del frío que todavía se sentía.

Me apetecía poner por escrito estos recuerdos. Saber que ahora la locura, la insensatez, la estupidez, el fanatismo, la sinrazón, han ocupado esa zona, me ha hecho preguntarme si Palmira seguirá ahí, si estará como yo la conocí; si algún día yo o cualquier otra persona podrá volver a disfrutar de un amanecer de ensueño. 

 ¡Qué hermoso es el mundo!, ¡qué bonita es la vida! No consigo entender por qué algunos idiotas no lo ven así y sólo desean destruirlo todo. ¿Por qué lo hacen?, en nombre de dios, dicen. Yo cada día me considero más atea, pero siempre digo y seguiré diciendo que si ese dios del que muchos hablan existe, no puede ser un dios sanguinario, no tiene sentido.

Sólo quería recordar Palmira, y escribir siempre me ha ayudado a ver más claro todo lo que pasa por mi cabeza.



sábado, 11 de octubre de 2014

Gracias Teresa



Hace una semana eras una persona anónima, nadie te conocía excepto tu familia, tus amigos y tus compañeros de trabajo. Eras una más, como yo, como tantos otros. Hoy, todos te conocen.

Has sido, y sigues siendo, vapuleada, criticada, criminalizada, tratada injustamente. Aunque en esto, como en todo, cada uno tiene su opinión y creen estar en posesión de la verdad. Es muy fácil juzgar, pero solo tú sabes cómo te sientes.

Lo que ocurrió nos podía haber ocurrido a cualquiera. Bueno, a cualquiera no, porque muchos no hubieran hecho lo que tú hiciste, ayudar a una persona con una enfermedad como el ébola. La mayoría hubiéramos huido, hubiéramos escabullido el bulto y que otro se ocupe del tema. Es cierto que era tu trabajo, sí, pero tú te presentaste voluntaria, y eso te dignifica como ser humano.

A lo largo de estos días he sentido una rabia inmensa al escuchar de qué forma te han hecho responsable de todo. Hay que ser un malnacido para decir todo lo que han dicho de ti, sin conocerte, sin ponerse en tu lugar, sin aceptar sus propios errores. Esos grandes errores son los que han provocado toda esta situación. Pero este país está lleno de bolsillos agradecidos que no tienen la dignidad humana, ni la vergüenza, ni la honorabilidad suficiente para aceptar su responsabilidad. Es más fácil criminalizar, tirar la mierda para otro lado, y sacrificar a otro que total no conoce nadie.
Pero se equivocan. Actuando como lo han hecho han puesto de manifiesto lo ruines, miserables, cobardes, y egoístas que son.

¿Sabes?, en este momento me está ocurriendo lo mismo que estos días. Tengo la sensación de que nuestro idioma se queda corto para encontrar los adjetivos que los describan. Por muchas palabras que utilice, siento que no es suficiente, que su ignominia no queda claramente expuesta.

Tienes que superar esta situación. Solo tú puedes enfrentarte a todos ellos de la única manera que una gran persona lo hace. Cuando te hayas recuperado, cuando hayas superado la enfermedad, solo tienes que mirarlos a los ojos. Estoy segura de que muchos de ellos no podrán sostenerte la mirada.

Van a decir muchas barbaridades de ti, ya lo verás. Incluso me atrevo a adelantar que muchos dirán que estás sacando tajada de tu enfermedad. Pero aquí cada uno ya ha demostrado lo que es.

Lo peor, lo que más pena me da, no son los políticos oportunistas; es la gente anónima que les da la razón. No quiero preocuparte, pero están ahí. Ayer escuchaba a algunos y sentía tanta rabia como he sentido esta semana al escuchar declaraciones públicas. Por suerte no son la mayoría.

Poco antes de empezar a escribir esto, pensaba que en la historia del mundo, la mayor parte de los grandes cambios sociales han venido provocados por un pequeño hecho aislado iniciado de forma involuntaria por una persona anónima. Y pensaba que quizá tú seas esa persona que sin proponérselo, ha hecho que queden al descubierto las miserias y la ruindad de unos políticos que no merecemos.
Que quizá la lucha que estás librando contra un virus, acabe con esta calaña de mezquinos y miserables. Y pensaba también que quizá tú puedas lograr que se produzca un avance importante. Porque esta enfermedad tendrá cura, como todas, aunque ya sabemos que hasta ahora no ha interesado investigarla. ¿Para qué?, total es cosa de pobres y desarrapados, y además africanos. Pero cuando el virus asoma a nuestra puerta, ¡hostias!, ya no es lo mismo.

Mucha suerte Teresa, lucha, porque la vida te está esperando, y no hay nada más bonito que vivir. Y cuando estés fuera, recuerda, míralos a los ojos hasta que sean ellos los que aparten la mirada.

Hace una semana no te conocía, ni sabía que existías. Hoy sin embargo quiero decirle:

Gracias Teresa por tu gran lección de humanidad.