Ya terminan
las vacaciones y comienza un nuevo curso en el trabajo. Bueno, en realidad lo
de curso es una forma de hablar porque no me dedico a la enseñanza. Solo de
pensar en la cantidad de papeles que encontraré encima de mi mesa, la bandeja
del correo electrónico llena a rebosar, y las notas con avisos pendientes de
atender, pienso que voy a necesitar meses para poner un poco de orden. Aunque
en realidad esto me ocurre cada año, y después me pongo al corriente en unos
días.
Aunque este
año juego con ventaja. Vuelvo antes que en otras ocasiones y el IVA no me
pillará. Porque siempre está ahí acechando, esperando a que vuelva de mis
vacaciones para recordarme que el día 20 está próximo, a veces muy próximo. “Y
recuerda que este mes es doble, julio y agosto”, me susurra una vocecilla en mi
cabeza. Y su primo el IRPF, que siempre se alían para venir a comer el mismo
día.
Cuántas
veces he envidiado a quienes tienen que presentar estas declaraciones
trimestrales. Hasta octubre sin problemas. Sin embargo yo siempre, desde que
comencé mi andadura profesional, he tenido que vérmelas con estos dos elementos
mensualmente. Excepto en agosto, que se toman vacaciones. Pero a cambio llega septiembre,
con la depre postvacacional, aunque yo nunca la he sufrido, y como dicen por
aquí: si no quieres taza, toma tazón. Julio y Agosto en el mismo lote, el mismo
día, y sin demoras. Qué ya se sabe, las demoras se pagan y Hacienda somos
todos.
Así que
nada, el lunes me tomaré unos días para ponerme al día, y después voy a por
vosotros, IVA e IRPF, que este año me da tiempo incluso a tomar carrerilla.
No hay comentarios:
Publicar un comentario