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miércoles, 15 de enero de 2014

Ideas, reflexiones, ¿buscar una solución?



Esta mañana mientras desayunaba un café con leche, escuchaba las noticias, y veía las imágenes de la semana, la reunión Obama-Rajoy, con su obligada foto para la posteridad. El buen rollito, apretón de manos, pose para la foto, etc, etc. Después los comentarios lógicos desde aquí. Para unos un éxito abrumador, para otros arrastrarse por una foto.
Yo no voy a entrar en ese tema, porque al final es cierto que todos buscan la foto, los de aquí y los de fuera. Hoy lo que quiero, lo que me apetece, es hablar desde mi humilde opinión, del principal problema que tenemos y tendremos durante mucho tiempo, y que hasta Obama ha visto (o se lo han chivado sus asesores, casi seguro). El desempleo.
He mirado las imágenes y pensaba mientras tomaba un sorbo de mi café: ¿realmente este hombre está preparado para solucionar ese gran problema?, incluso algo peor: ¿ realmente hay alguien preparado en este momento en este país para resolver ese gran problema?. Ojalá fuera así, pero ¿quién es?. Ojalá yo supiera la solución, pero tampoco la sé.
Yo lo único que sé es lo que mi sentido común me dice después de ver la realidad, el día a día de muchas personas. Solo sé lo que mi propia experiencia me ha mostrado, y a partir de ahí, lo que yo pienso que puede ocurrir, el camino que pienso va a ser el que marcará el futuro. Pero solo lo sé, o lo intuyo, desde el punto de vista de los desempleados. Ojalá tuviera las soluciones a implantar a nivel legislativo, pero no las tengo.
Hay seis millones de personas desempleadas, un 26% de la población activa. Para mí se pueden dividir en dos grandes grupos con problemas diferentes, y por lo tanto con actuaciones diferentes.

Por un lado está el colectivo de jóvenes que nunca han tenido un empleo, o han tenido empleos precarios (muchas veces ni siquiera relacionados con aquello para lo que se han preparado). Son personas con un gran nivel de conocimientos, hablan más idiomas de los que nunca hemos hablado en este país, dominan las nuevas tecnologías como nunca se han dominado. Sin embargo se sienten inútiles, y probablemente muchos de ellos estarán pensando para qué les sirve todo eso.

Por otro lado está el colectivo de personas con una edad. No sé dónde estará la línea, pero digamos que a partir de los 45 años. Todo aquel que supere esta edad y se encuentre desempleado sabe lo que esto significa. Nadie le ofrecerá un trabajo, se acabó, ya no hay futuro. Pero sí hay vida, y entonces ¿qué hacer?
Quería hablar de estos dos colectivos por separado, y comentar desde mi punto de vista, cómo afrontar el reto de salir del agujero.

Comenzaré por el colectivo de personas mayores de 45 años. Generalmente tienen características comunes: dilatada experiencia laboral, en muchas ocasiones escaso o nulo conocimiento de idiomas, una familia con hijos, una hipoteca. Muchas de estas personas han perdido su trabajo después de años en la misma empresa, nunca antes han tenido necesidad de buscar un empleo (o ya olvidaron cuando lo buscaron por primera vez). Ahora se enfrentan a un mundo que les resulta extraño, y que además los rechaza porque ya son mayores para buscar un trabajo, porque ninguna empresa quiere contratar a personas mayores (bueno, excepto si eres un exministro o un expresidente, o un yerno perfecto, o incluso un yerno imperfecto, entonces siempre te está esperando un buen puesto de alta dirección en cualquier gran empresa). Pero para el resto solo existen puertas cerradas. Se llega a pensar: si hubiera estudiado idiomas, si hubiera hecho cursos de reciclaje, si, si, si ….. No se debe pensar en eso, si se hubiera hecho daría igual. El colectivo de jóvenes tiene todo eso y no les sirve para nada. Hace poco leí sobre este tema y se decía: ¿cuántas personas con más de 45 años, en situación de desempleo, que cada día solicitan numerosos puestos de trabajo de los que se ofrecen a través de tantas páginas, han recibido una respuesta que al menos les dé opción a entrevista? La gran mayoría ninguna, NINGUNA RESPUESTA después de días, meses, años intentándolo.

En cuanto al colectivo de jóvenes. Veo que terminan convirtiéndose en personas desencantadas. El esfuerzo y la preparación que han tenido piensan que no les sirve para nada, excepto para acceder a algún trabajo basura, mal pagado, y que no tiene nada que ver con aquello para lo que se han preparado durante años de estudios. Muchos quieren iniciar una vida al margen de sus padres, como siempre ha sido, como siempre tiene que ser, y no pueden. Les falta experiencia, pero nadie se la da. Envidian la experiencia que tiene el colectivo de mayores de 45 años, piensan que con ella sería diferente. Igual que estos envidian su preparación en idiomas o en nuevas tecnologías, también piensan que con ella sería diferente. Pero tanto unos como otros están en un túnel del que no pueden salir. Y el caso es que pienso que aunque ambos grupos se intercambiaran aquello que tienen y el otro desea, aunque esto pudiera ser posible, la situación no cambiaría mucho.
A partir de este punto habría que hablar de soluciones. Es difícil. Yo no las tengo. Pero sí quiero exponer lo que vislumbro como una salida para que cada uno opte por dar el primer paso hacia un camino que siempre comienza con un primer paso.
Desde luego, nada va a cambiar mientras no modifiquemos el modelo de vida que hemos heredado de nuestros padres, y que tendemos a perpetuar en muchos casos, no todos. Me explico.

Busco un trabajo

Encuentro un trabajo

Aquí me quedo para siempre en este trabajo, ya no me preocupo por cambiar

Compro un piso, si puede ser cerca del trabajo, pido un préstamo

Me caso

Tengo hijos

A vivir

Debemos ser conscientes de que un trabajo no es para toda la vida, que incluso aunque se tenga un buen trabajo, hay que rotar, cambiar, ampliar experiencia, avanzar en una palabra. Y lo digo yo que no lo hice. Solo así tendremos fuerza para vendernos adecuadamente, para demostrar que sabemos adaptarnos. Esto lo digo sobre todo por el colectivo de jóvenes, ellos están a tiempo. No deben tener miedo a salir de su ciudad, incluso de su país. Es más, deben hacerlo. Ir allí donde se les ofrezca la experiencia que necesitan, y cuando tengan la oportunidad de mejorar y avanzar profesionalmente, CAMBIAR de empresa, incluso CAMBIAR de ciudad de nuevo, incluso CAMBIAR de país de nuevo. Y así de forma que cada cambio suponga un peldaño escalado hacia una excelencia profesional que solo la experiencia da. Lógicamente, este modelo va a suponer un cambio en la concepción de vida que han visto en sus padres, pero los modelos están para cambiarlos si ello supone un avance. Se acabó el “tengo trabajo, me compro un piso”, porque hoy estás aquí y mañana no sabes dónde estarás. La vivienda pasará a ser en su mayor parte una vivienda de alquiler (como lo es en gran parte de los países, y no pasa nada). Esto por otra parte dará oportunidades de negocio a emprendedores que hagan del alquiler su actividad.
Por supuesto, también en el colectivo de mayores de 45 años, este modelo es aplicable, aunque quizá más problemático. Muchos de ellos tienen una familia formada, que siempre ha vivido en la misma ciudad, lo tienen todo aquí y dejarlo todo atrás es una decisión difícil. Este modelo cambiará dentro de 30 años, las familias estarán acostumbradas a otra forma de vivir y de ver el mundo laboral, sin que las ataduras materiales les impidan dar el paso e ir a otro lugar. Eso formará parte de su rutina, será algo normal.
Para este colectivo, donde yo misma estoy incluida, solo puedo dar dos consejos, y ni siquiera puedo asegurar que sean siempre efectivos:

-          Acudir a todos los contactos que vuestros años de experiencia laboral os han proporcionado. Informad a esas personas que os conocen, que saben cómo trabajáis, qué saben que sois de confianza, que sois responsables, que sois comprometidos, que sois buenos en lo que hacéis. Decidles cuál es vuestra situación para que os recomienden si surge la oportunidad. Creedme, si hay alguna oportunidad real de volver a ser contratado en una empresa, no será acudiendo a ofertas donde nadie os conoce (somos uno más entre millones, y tenemos una edad complicada). Será a través de quien os conoce como profesionales y os ha visto trabajar en el pasado.

-          Pensad en lo que cada uno sabéis hacer mejor, o en lo que siempre habéis querido hacer porque os gusta y sois buenos en ello, pero nunca os habéis decidido a dar el paso. Buscad la forma de hacer de vuestro sueño un negocio, vuestro propio negocio. Quién sabe, quizá siempre os ha gustado hacer churros, o hacer ganchillo y vender vuestras obras por la red, o dedicaos a la jardinería y tener vuestro vivero, o quizá vender gatitos, o escribir, o tantos y tantos sueños que todos tenemos. Seguro que cada uno tenéis el vuestro, y seguro que cada sueño puede convertirse en una oportunidad de negocio. Analizadlo.


Yo no tengo la solución, solo quería hablar de lo que pienso. Ni siquiera sé si estoy equivocada, es solo mi humilde opinión. Esto lo tenemos que solucionar entre todos, porque ningún político está preparado en este momento para solucionarlo, ni unos ni otros. Nos dirán que hay avances, pero serán tan débiles que no los percibiremos. Y desde luego no podemos esperar a que el tiempo (¿cuánto tiempo?) lo solucione. Los jóvenes necesitan una vida que les permita realizarse como personas, igual que lo hemos hecho antes los demás. No pueden esperar a llegar a los 45 años sin experiencia. Y los mayores de 45 años tienen que seguir viviendo, no se pueden condenar a la muerte profesional que les llevará inevitablemente al hundimiento de sus vidas y de sus familias.

No sé si al final he expresado lo que quería transmitir, creo que sí. Si no es así agradezco todas las críticas.

miércoles, 28 de agosto de 2013

Trabajando



Ya terminan las vacaciones y comienza un nuevo curso en el trabajo. Bueno, en realidad lo de curso es una forma de hablar porque no me dedico a la enseñanza. Solo de pensar en la cantidad de papeles que encontraré encima de mi mesa, la bandeja del correo electrónico llena a rebosar, y las notas con avisos pendientes de atender, pienso que voy a necesitar meses para poner un poco de orden. Aunque en realidad esto me ocurre cada año, y después me pongo al corriente en unos días.
Aunque este año juego con ventaja. Vuelvo antes que en otras ocasiones y el IVA no me pillará. Porque siempre está ahí acechando, esperando a que vuelva de mis vacaciones para recordarme que el día 20 está próximo, a veces muy próximo. “Y recuerda que este mes es doble, julio y agosto”, me susurra una vocecilla en mi cabeza. Y su primo el IRPF, que siempre se alían para venir a comer el mismo día.
Cuántas veces he envidiado a quienes tienen que presentar estas declaraciones trimestrales. Hasta octubre sin problemas. Sin embargo yo siempre, desde que comencé mi andadura profesional, he tenido que vérmelas con estos dos elementos mensualmente. Excepto en agosto, que se toman vacaciones. Pero a cambio llega septiembre, con la depre postvacacional, aunque yo nunca la he sufrido, y como dicen por aquí: si no quieres taza, toma tazón. Julio y Agosto en el mismo lote, el mismo día, y sin demoras. Qué ya se sabe, las demoras se pagan y Hacienda somos todos.

Así que nada, el lunes me tomaré unos días para ponerme al día, y después voy a por vosotros, IVA e IRPF, que este año me da tiempo incluso a tomar carrerilla.

sábado, 17 de agosto de 2013

La amistad no tiene precio



Hoy quiero contar una historia.

Había una vez dos personas que se conocieron por motivos de trabajo. Una de ellas (A) llevaba bastantes años en la empresa cuando llegó la otra (B). Habían sido años difíciles y A no estaba muy bien vista cuando todo cambió y se comenzó de cero. Pero por circunstancias desconocidas para A, continuó en la empresa a pesar de las desconfianzas, y a pesar de que algunas personas conspiraron contra ella. Personas que pasados los años, volvieron a tratarla con respeto como si nada hubiera ocurrido. Pero esa es otra historia.
B y A conectaron desde el primer momento. B inició su andadura en la empresa como secretaria de dirección, de esa dirección que en un primer momento no era muy partidaria de A. Aunque por circunstancias que no vienen al caso, A continuó, y no solamente ganó la confianza de la nueva dirección, sino que demostró que era una persona en la que se podía delegar y en la que se podía confiar. Pero esa es también otra historia.
A y B comenzaron a trabajar juntas, trabajaban bien, ambas eran responsables, comprometidas. Ambas se parecían mucho, lo daban todo en el trabajo sin pedir nada a cambio. A y B con el paso de los años se convirtieron en amigas, en grandes amigas. Las dos conocían sus problemas, sus inquietudes, sus ilusiones y sus desilusiones.
Pocos años después de haberse conocido, A consiguió un puesto de responsabilidad, y B pensaba que era lo justo. La relación entre ambas era de respeto hacia el puesto que cada una ocupaba, pero ante todo seguían siendo amigas, como siempre lo habían sido. Se apoyaban en todo, se complementaban y los momentos difíciles que siempre surgen en cualquier trabajo, lo eran menos porque las dos tenían alguien con quien hablar y en quien apoyarse. Aquella relación solo tenía un nombre: AMISTAD, con letras mayúsculas, porque así era.
Pero llegó la crisis, la maldita crisis, y la dirección cayó sustituida por otra nueva dirección. Y tanto A como B tuvieron que volver a empezar como todos los demás. Volver a demostrar y a ganar la confianza de nuevo. La crisis se agudizó y hubo que tomar decisiones, decisiones duras para poder salir adelante. Hubo que despedir a algunas personas.
Se propusieron varios nombres, y a A le propusieron los que afectaban a su departamento. Ella sabía que B era una persona muy válida, y no porque fuera su amiga, sino porque realmente era una persona muy válida. Y así lo dijo y lo defendió. B siguió adelante, continuaron trabajando juntas, y continuaron siendo amigas.
Pero la crisis continuó cada vez más cruel, cada vez más dura. Y las decisiones de recortes continuaron. Hasta que llegó un día en el que se planteó un ERE de extinción para 17 personas. A fue informada de que quizá B estuviera dentro de ese grupo, y A defendió a B como una persona muy válida que debía seguir adelante. En ese momento A cometió un error, o quizá no lo hizo. Como responsable que era, no podía decir a B cuáles eran las propuestas de la empresa, antes de que nada fuera oficial. Como amiga que era de B, le dolía lo que imaginaba que iba a ocurrir, y le dolía no avisarle. Optó por callar y ser leal a lo que se esperaba de ella como responsable de su departamento. Aunque intentó defenderla y salvarla.
Un día el jefe de A le comunicó que al día siguiente iban a despedir a B, no se contaba con ella para el futuro. El jefe le dijo a A que sabía que se llevaban muy bien pero que la decisión estaba tomada y no había vuelta atrás. A se quedó mal, sus intentos por salvar a su amiga no habían servido, y B no sabía nada.
A y B se conocían muy bien, las dos sabían que la otra le contaría cualquier cosa que le ocurriera o que le preocupara, aunque A por responsabilidad no dijo nada a B sobre lo que iba a ocurrir. Pero imaginó que en cuanto le comunicaran la noticia, B vendría a decírselo, buscaría su consuelo y su apoyo como siempre lo habían hecho.
Al día siguiente A vio como B pasaba por delante de su despacho camino del despacho de su jefe, y como volvió sobre sus pasos al cabo de unos minutos. Pero B pasó de largo por delante del despacho de A, sin mirarla y sin decirle nada. Desde ese momento, A solo cometió errores, o quizá los cometieron las dos.

A se enteró de que a B le habían pedido que se quedara dos semanas más hasta finalizar el mes, y después ya no continuaría. También se enteró de que le habían pedido discreción y que no se lo dijera a nadie. Por eso A pensó que B no le decía nada, y al mismo tiempo A continuó en silencio porque no sabía, o tenía miedo a decirle a B que sabía lo que había ocurrido. En cualquier caso, ambas esperaban que la una fuera a hablar con la otra, como siempre lo habían hecho. Pero ninguna lo hizo.
Unos días antes de finalizar el mes una compañera le dijo a A que el día siguiente sería el último día de B en la empresa, que prefería marcharse antes porque le resultaba muy triste la situación, y le dijo que todos lo sabían desde hace días y habían estado a su lado. A se sintió hundida porque no conocía esto, pensaba que B no había dicho nada, pero había hablado con todos menos con ella, incluso con aquellos que no la habían apreciado mucho y que habían conspirado contra ella.
Entonces A fue a buscar a B, la abrazó y le dijo que lo sentía mucho, que se había enterado que al día siguiente se marcharía. B le contestó: nunca hubiera esperado esto de ti. A intentó explicarle todo lo que había ocurrido, lo que había intentado hacer para salvarla, pero a B no le interesaba, se sentía traicionada.
B se marchó sin decir nada más a A. No se despidió de ella, ni siquiera la miró. Durante los días siguientes A le escribió mails que B no contestó, le pidió perdón. A intentó enterarse a través de otros compañeros, cómo estaba B, pero no consiguió que B hablara con ella. A conocía a gente influyente, e intentó a través de ellos que la ayudaran a conseguir el trabajo que merecía, B era una buena secretaria de dirección. Pero B no aceptó nada que pudiera venir directa o indirectamente de A.
La crisis siguió agudizándose, y ahora A trabaja muy cerca del lugar donde vive B. Cada día se acuerda de ella y se pregunta ¿cómo está, tiene trabajo? Pero nunca recibe respuestas.
De todo esto hace 10 meses. Sé que me equivoqué, y siempre tendré que vivir con el dolor que esa equivocación me provoca. Quizá nos equivocamos las dos. Yo acepto tu error, pero lo que me duele es el mío, porque no sé cómo enmendarlo, y eso me entristece muchísimo. En esta época donde lo que prima es la avaricia y el egoísmo, me doy cuenta que una amistad vale más que cualquier otra cosa, y yo la jodí.

Ya no me quedan palabras para decirte, solamente una: PERDÓNAME

miércoles, 31 de julio de 2013

Los últimos de Iglesias


Ojalá podamos seguir trabajando juntos, porque sois los mejores.
Mis compañeros. Con algunos tantos años que duele dejar todo esto atrás.
Mucha suerte a todos. Seguiremos luchando

 


lunes, 29 de julio de 2013

Nos trasladamos







Hoy he tenido que colgar el cartel de “nos trasladamos” en el que ha sido mi lugar de trabajo desde el día 4 de junio de 1990. Darle la espalda y mirar hacia adelante. Parece mentira, pero es así. Han sido muchos años, no han sido fáciles, hemos pasado por momentos muy complicados, pero siempre hemos conseguido salvar los escollos y salir a flote. Pero ahora no hay marcha atrás.
Muchos compañeros han quedado en el camino a lo largo de estos años, lo dieron todo y entre todos logramos llegar hasta el día de hoy. Una gran mayoría llegaron a su jubilación y han podido seguir disfrutando de un descanso bien merecido. Otros han tenido que buscar una salida en un lugar de trabajo diferente, y para vosotros deseo lo mejor. Algunos podrán continuar luchando en otras instalaciones, luchando como siempre lo hemos hecho, porque solo la lucha de todos nosotros ha permitido que hayamos podido llegar hasta aquí, y eso ha sido un gran logro. Y unos pocos ya no podréis ni siquiera leer estas palabras, y a vosotros especialmente os las dedico.
Hoy, cuando doy la espalda a esa verja que ya no cruzaré cada mañana, en mi cabeza se agolpan los recuerdos de momentos y personas.
Recuerdo aquel edificio ya derruido, donde pasamos tanto frio en invierno y tanto calor en verano. Recuerdo cuando solamente teníamos 2 ordenadores que nos íbamos turnando. Recuerdo aquel servidor que ocupaba toda una habitación, y donde las copias de seguridad se hacían a mano. Recuerdo el primer y único ordenador disponible con acceso a internet.
Pero sobre todo recuerdo a las personas. No quiero dar nombres, pero recuerdo a todos, a los que me caían bien y a los que no me caían tan bien. A los que discutía con ellos y a los que era fácil la comunicación.
Recuerdo aquellas celebraciones de cumpleaños al final de la tarde, cuando organizábamos verdaderos banquetes. Recuerdo las botellas de cava que nos tomábamos el 23 y el 30 de diciembre. Recuerdo los regalos que nos repartíamos cuando volvíamos de vacaciones. Recuerdo las lágrimas cuando algún compañero tenía que marcharse. Lo recuerdo todo, aunque sería interminable escribirlo.
Gracias a todos, aquella siempre será nuestra casa, aunque se haya colgado el cartel de “nos trasladamos”, y mis pasos cada mañana me lleven en una dirección diferente, en otro extremo de la ciudad.
Me había jurado que sería fuerte, que podría marcharme sin derramar una lágrima, pero me equivoqué. Y no me importa decirlo, porque nadie debemos avergonzarnos por llorar. Hoy ha llegado el momento, ese momento que no por anunciado, parecía tan lejano. He permanecido durante una hora sentada en mi silla, frente a mi mesa vacía. Solamente la mesa, la silla, y yo. Y el silencio. Todos mis efectos habían emprendido el viaje hacia otro lugar, el ordenador, los documentos, los armarios, todo. Solo quedaba la silla, la mesa, y el silencio. Y durante esa hora he llorado, no quería llorar, me había jurado ser fuerte. Pero necesitaba llorar, solo así podía despedirme de aquel lugar, y de todo lo que ha significado en mi vida, y en mi profesión.
Prometo ser divertida, prometo que este blog será un espejo de cómo soy. Pero hoy, y espero que se me perdone, hoy necesitaba despedirme de un lugar, de muchos recuerdos, y de una parte importante de mi vida. Y yo nunca he sido muy buena para las despedidas.